

Este domingo, Claudio Orrego Larraín (Oficialista que se dice Independiente) logró la reelección como gobernador de la Región Metropolitana, obteniendo un 54,51% de los votos frente al 45,49% de su principal contrincante, Francisco Orrego Gutiérrez, abogado y panelista televisivo. Pese a su victoria, la gestión de Orrego enfrenta críticas por decisiones polémicas, desde cuestionados contratos con fundaciones hasta millonarios gastos en viajes internacionales.
El gobernador Claudio Orrego ha sido relacionado con el millonario contrato de $1.683 millones con la fundación ProCultura para un proyecto de prevención del suicidio, conocido como «Quédate». Este convenio se encuentra bajo investigación por presuntas irregularidades y apropiación indebida de fondos, lo que derivó en una querella presentada por el mismo Gobierno Regional.
Desde que asumió como gobernador en 2021, Orrego ha realizado 18 viajes internacionales, acumulando más de $21 millones en viáticos, además de otros gastos de transporte y alojamiento.
Durante su campaña, Orrego apostó por una agenda de seguridad, con propuestas como la expansión de patrullas regionales, la creación de un observatorio de delitos y la integración de cámaras de seguridad con inteligencia artificial.
Sin embargo, críticos señalan que estos proyectos han tenido avances limitados, mientras recursos significativos se destinan a otros fines cuestionables.
Orrego se ha presentado como un defensor del diálogo y la cooperación. En su discurso de victoria, señaló: “Ha ganado la moderación por sobre la polarización”. Sin embargo, sectores críticos cuestionan si estas palabras se reflejan en su actuar.
La reelección de Claudio Orrego como gobernador de la Región Metropolitana marca no solo una victoria simbólica para la izquierda, sino también la probabilidad de continuidad en una gestión caracterizada por la falta de transparencia y el mal uso de recursos públicos. Las controversias del caso ProCultura y los exorbitantes gastos en viajes internacionales no solo generan dudas sobre sus prioridades, sino que también refuerzan una percepción de favoritismo hacia comunas afines al oficialismo de izquierda, en detrimento de un desarrollo equilibrado en la región.
Aunque Orrego insiste en discursos sobre cooperación y moderación, su historial sugiere lo contrario. La lógica de priorizar intereses políticos por encima del bienestar general de los ciudadanos parece mantenerse como una constante. En un escenario donde los votantes exigen eficiencia, justicia en la distribución de recursos y soluciones reales, Orrego enfrenta el desafío de superar la sombra de un liderazgo que hasta ahora ha sido más de palabras que de acciones concretas.