

La madrugada de este sábado marcó un punto de quiebre en la historia reciente de Venezuela y de América Latina, luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmara la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, tras una operación militar de gran escala ejecutada en territorio venezolano. La acción, celebrada por amplios sectores que denuncian años de dictadura, narcotráfico y violaciones a los derechos humanos, también dejó al descubierto la profunda división regional y la reacción defensiva de gobiernos de izquierda, entre ellos el del presidente chileno Gabriel Boric.
Cayó Maduro, al fin, el mismo que orquestó el estallido delictual, el mismo instaló el Tren de Aragua en Chile, el mismo que violó nuestra soberanía. Sin duda un gran día la toda LATAM. Gracias Presidente Donald Trump l, Venezuela por fin es libre
— Emilia 🇨🇱 (@camilaemiliasv) January 3, 2026
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Full-scale military operations appear to be underway against Venezuela, with dozens of helicopters with the U.S. Army spotted over the capital of Caracas. pic.twitter.com/kIqfbGjOK4
— OSINTdefender (@sentdefender) January 3, 2026
🚨#BREAKING: At this time multiple explosions have been reported across parts of Venezuela. With unconfirmed reports suggest the blasts may be linked to possible U.S. airstrikes targeting military infrastructure. Authorities have not yet issued an official statement, and details… pic.twitter.com/qzaIRIWKBE
— R A W S A L E R T S (@rawsalerts) January 3, 2026


La captura de Nicolás Maduro representa un hecho sin precedentes que pone fin, al menos en lo simbólico, a uno de los regímenes más cuestionados del continente, acusado durante años de corrupción, narcotráfico y persecución política. Para millones de venezolanos, dentro y fuera del país, la acción liderada por Estados Unidos abre una esperanza de justicia y de un eventual camino hacia la reconstrucción democrática.
Al mismo tiempo, la reacción de la izquierda latinoamericana —incluido el Gobierno de Gabriel Boric— vuelve a instalar el debate sobre la coherencia moral y política frente a dictaduras afines ideológicamente. Mientras algunos insisten en condenar la forma, otros destacan el fondo: la caída de un régimen que por años sumió a su pueblo en la miseria, el exilio y el miedo.