El senador y aspirante presidencial colombiano Miguel Uribe Turbay, de 39 años, falleció la madrugada de este lunes en la clínica Fundación Santa Fe de Bogotá, dos meses después de recibir dos disparos en la cabeza y uno en la pierna durante un mitin político en el barrio Modelia de la capital. Cercano al expresidente Álvaro Uribe Vélez y fuerte crítico del gobierno de Gustavo Petro, su muerte revive el fantasma de la violencia política que marcó a Colombia en las décadas de los 80 y 90.
Puntos Claves:
- Atentado mortal en plena campaña electoral: El 7 de junio de 2025, Miguel Uribe Turbay encabezaba un acto político en Bogotá cuando un sicario de 15 años se acercó a menos de dos metros y le disparó seis veces por la espalda, hiriéndolo gravemente. Fue trasladado a la clínica Fundación Santa Fe, donde permaneció internado hasta su fallecimiento a las 01:56 horas del 11 de agosto.
- Estado de salud y complicaciones médicas: Durante su hospitalización, Uribe fue sometido a múltiples cirugías neurológicas. El 9 de agosto la clínica informó que sufrió una hemorragia en el sistema nervioso central, agravando su estado. Aunque en algunos momentos mostró leves mejorías, nunca salió de la condición crítica.
- Trayectoria política y legado familiar: Nieto del expresidente Julio César Turbay e hijo de la periodista Diana Turbay —secuestrada y asesinada por el cartel de Medellín en 1991—, Miguel Uribe inició su carrera política como concejal de Bogotá en 2012. Fue secretario de Gobierno en la alcaldía de Enrique Peñalosa y, en 2022, se convirtió en el senador más votado del país por el partido Centro Democrático. En octubre de 2024 anunció su precandidatura presidencial desde Sabaneta, lugar donde murió su madre, afirmando: “Pude haber crecido buscando venganza, pero decidí perdonar, aunque nunca olvidar”.
- Críticas y tensiones con el gobierno de Petro: Uribe fue un férreo opositor del presidente Gustavo Petro, cuestionando sus políticas de seguridad, economía y gestión pública. Dos días antes del atentado, ambos protagonizaron un fuerte cruce en redes sociales. Analistas señalan que el clima de polarización y la reducción de su esquema de seguridad semanas antes del ataque generan sospechas de negligencia estatal.
- Investigación judicial: La Fiscalía tipificará el caso como magnicidio. Seis personas están detenidas, incluido el presunto autor material, un menor de 15 años, imputado por tentativa de homicidio y porte ilegal de armas. El arma utilizada —una pistola Glock 9 mm— fue adquirida en 2020 en Arizona, EE.UU. Se investiga cómo ingresó a Colombia y quiénes ordenaron el crimen.
- Reacciones nacionales e internacionales: La muerte de Uribe generó un amplio rechazo. Álvaro Uribe Vélez afirmó: “El mal todo lo destruye, mataron la esperanza”. El presidente Petro expresó: “Nos duele la muerte de Miguel, como si fuera de los nuestros. No es la venganza el camino de Colombia”. Líderes como Iván Duque, Claudia López y la vicepresidenta Francia Márquez condenaron el asesinato. Desde el exterior, figuras como Marco Rubio, Antonio Tajani, Santiago Peña y el Grupo Libertad y Democracia exigieron justicia y denunciaron el crimen como un atentado contra la democracia.
- Impacto político: La muerte del precandidato se produce a menos de 10 meses de las elecciones presidenciales de 2026 y podría reconfigurar el panorama político, fortaleciendo a sectores de oposición. Analistas advierten que el caso podría aumentar la polarización y el debate sobre la seguridad de los candidatos.
Emotivo mensaje de María Claudia Tarazona, esposa de Miguel Uribe
La partida de Miguel Uribe Turbay no solo deja un vacío en la política colombiana, sino que también reabre heridas históricas de violencia electoral que el país creía superadas. Su muerte ha provocado un llamado unánime a la unidad y a la defensa de la democracia, mientras su familia y aliados exigen justicia y verdad sobre el atentado.
El dolor por su pérdida se mezcla con la preocupación por el clima político que vive Colombia, un escenario que revive memorias de décadas sangrientas y plantea el reto de evitar que la violencia vuelva a decidir el rumbo de la nación.