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Madre y su hija de 9 meses resultan baleadas durante violento asalto en Quillota: Gobierno insiste en referirse al control de armas, al que obviamente el crimen organizado no se somete

Ilustración mujer protegiendo bebe delincuentes entrando Imagen generada con IA. Click para ampliar T

La madrugada de este martes, una madre y su hija de solo nueve meses fueron baleadas al interior de su vivienda en el sector San Pedro de Quillota, región de Valparaíso. El ataque, que se presume estaría ligado a un robo con características de quitada de droga, volvió a poner en evidencia la violencia armada que crece en el país y la falta de respuestas efectivas frente al ingreso de armas ilegales y la penetración del crimen organizado en comunidades vulnerables.

Puntos Claves:

  • El ataque ocurrió en plena madrugada: De acuerdo con la Fiscalía, cerca de las 02:15 horas, tres sujetos ingresaron a la vivienda de la víctima. Una vez dentro, llegaron hasta la habitación donde se encontraba la mujer con su hija lactante y les exigieron dinero y joyas.
  • Disparos contra madre e hija: Ante la negativa de la mujer, los delincuentes abrieron fuego en reiteradas ocasiones. La madre, de 28 años, resultó herida en una de sus manos y la guagua recibió un impacto en el antebrazo. Ambas fueron trasladadas a un recinto asistencial y se encuentran fuera de riesgo vital.
  • Versión de Fiscalía: La fiscal de turno Daniela Quevedo señaló que los sujetos “dispararon en contra de las víctimas, hiriendo a la adulta en una de sus manos y a la menor a la altura de uno de sus brazos, provocándole a ambas lesiones de carácter grave”.
  • Detalle de Carabineros: El teniente Felipe Martínez informó que la mujer adulta tiene antecedentes asociados a la Ley de Drogas y que, tras la atención inicial, se retiró del hospital negándose a recibir atención posterior. La lactante continúa en observación médica.
  • Hipótesis de quitada de droga: Carabineros y la Fiscalía no descartan que el hecho esté relacionado con un ajuste de cuentas o una quitada de droga, práctica que refleja la creciente influencia del narcotráfico en los barrios, donde incluso familias completas quedan expuestas a la violencia.
  • Reacción del Gobierno: La Seremi de Seguridad Pública, Alejandra Romero, condenó lo ocurrido y afirmó: “Nada justifica que las armas estén en manos de delincuentes y que ésta es una particular labor que asumimos en el trabajo de esta Seremi de Seguridad. Vamos a reforzar el control de armas y la persecución de quienes ponen en riesgo a nuestras familias”.
  • Críticas al enfoque oficial: Si bien las autoridades reiteran su discurso sobre el control de armas, este tipo de medidas ha sido cuestionado porque termina apuntando principalmente hacia civiles que buscan registrarlas de manera legal, sin atacar el problema de fondo: el ingreso masivo de armamento por fronteras permeables, el tráfico ilícito y el uso que hace el crimen organizado. Mientras tanto, comunidades enteras siguen siendo víctimas de asaltos, balaceras y ajustes de cuentas.
  • Impunidad y sensación de abandono: A pesar de que personal de Labocar y la SIP de Carabineros quedó a cargo de la investigación, hasta el momento no hay detenidos. En paralelo, vecinos y autoridades locales reclaman por mayor seguridad y patrullajes en sectores como San Pedro, donde la violencia parece instalarse como parte de la rutina.

Este nuevo hecho de violencia refleja la crudeza con que opera el crimen organizado en Chile, donde incluso una guagua de nueve meses resulta alcanzada por las balas. La indignación es inevitable: familias enteras viven con miedo, mientras las autoridades repiten recetas que no logran cortar el verdadero flujo de armas y drogas.

La ciudadanía no solo espera condenas formales ni llamados a “reforzar controles”, sino acciones concretas para blindar las fronteras, perseguir las redes del narcotráfico y garantizar seguridad real en los barrios. Lo ocurrido en Quillota no puede verse como un hecho aislado: es la evidencia de un problema estructural que el Estado no ha sabido frenar.