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La detención de Nicolás Piña Palomera, condenado por homicidio frustrado contra un carabinero durante el estallido social, vuelve a poner en el centro del debate una de las mayores contradicciones de la izquierda chilena: su ambigüedad —cuando no abierta complacencia— frente a la violencia política y a quienes atentaron contra el Estado de Derecho, mientras se presentaban como “presos de la revuelta”.
Fotografía de Nicolas Piña antes de que cambiara de apariencia y siendo detenido
Puntos Claves:
Un ataque que pudo terminar en tragedia: Nicolás Piña fue condenado por lanzar una bomba molotov contra un furgón de Carabineros el 12 de febrero de 2021, en la intersección de Pío Nono con Dardignac, comuna de Recoleta. El vehículo policial se incendió con funcionarios en su interior, incluido el conductor, quien resultó con lesiones graves y logró escapar con vida.
Violencia explícita y acreditada por la justicia: La sentencia estableció que Piña actuó con claro propósito homicida. Según la acusación de la Fiscalía Centro Norte, mientras el carro ardía, desde el exterior se escuchaban gritos como “mueran pacos cul…”, “los vamos a matar”, en un contexto de ataque coordinado y masivo.
Condena firme y fuga prolongada: En octubre de 2023, el Segundo Tribunal Oral en lo Penal de Santiago lo condenó a 7 años de cárcel por homicidio frustrado a carabinero y 3 años por lanzamiento de artefacto incendiario, pena ratificada por la Corte Suprema. Pese a ello, Piña nunca se presentó a cumplir la condena y permaneció 26 meses prófugo, protegido por una red de apoyo y cambiando su apariencia.
La visita de Gabriel Boric que marcó un símbolo político: En julio de 2021, mientras Piña estaba en prisión preventiva en Santiago 1, fue visitado por el entonces diputado y candidato presidencial Gabriel Boric, en el marco de su campaña por la liberación de los llamados “presos del estallido”. Tras esa visita, Boric declaró: “Yo estoy bien, pero los presos no. Seguiremos trabajando por verdad, justicia, reparación y la libertad de los presos de la revuelta”.
Un doble estándar frente a la violencia: Mientras las víctimas —carabineros que arriesgaron su vida— quedaban en segundo plano, sectores de izquierda elevaron a Piña como un símbolo político, ignorando la gravedad de los hechos probados en tribunales. Esta lógica, que relativiza la violencia cuando sirve a una causa ideológica, es una de las críticas más persistentes hacia el discurso del oficialismo.
Captura sin resistencia y condena ejecutoriada: Piña fue detenido en la noche del lunes en avenida Santa Rosa, en Santiago Centro, sin oponer resistencia. El fiscal Marcelo Cabrera confirmó que deberá cumplir efectivamente la totalidad de su condena. El ministro de Seguridad, Luis Cordero, señaló que se trata de “un prófugo de la justicia” y valoró su captura.
Más que un caso policial, un recordatorio político: La recaptura de Piña reabre el debate sobre los indultos, la retirada de querellas por Ley de Seguridad del Estado y el mensaje que se envió desde el poder político respecto a los hechos violentos del 18-O.
Cae prófugo del estallido que fue visitado por Boric en la cárcel: lo buscaban por homicidio frustrado. En el video se aprecia a Nicolás Piña lanzando una bomba molotov al interior del furgón donde se encontraba el conductor del móvil,Monsalves Navarrete. pic.twitter.com/I6EbnrbQX4
— El Hocicon Qlo Anticomunista del 60% (@LarryLu20942400) December 23, 2025
Registro del violento incidente
Capturan a condenado por lanzar una molotov a Carabineros, quien fue visitado por Boric en la cárcel y se encontraba prófugo‼️ Nicolás Piña Palomera estaba fuera de la cárcel porque el gobierno de Boric no se opuso a su libertad condicional. Llevaba 2 años prófugo de la justicia. pic.twitter.com/rx1TfpGvv6
La caída de Nicolás Piña no es solo la historia de un prófugo que finalmente enfrenta la justicia. Es también el reflejo de un relato que intentó blanquear la violencia, minimizar delitos graves y convertir a responsables de ataques incendiarios en supuestas víctimas del sistema.
Para las víctimas directas —carabineros heridos y sus familias— y para un país que aún carga con las consecuencias del estallido, este caso recuerda que no puede haber ambigüedad frente a la violencia ni privilegios ideológicos ante la ley. La justicia tarda, pero llega, incluso cuando algunos prefirieron mirar hacia el lado.