Durante la madrugada del jueves 30 de octubre, un cabo segundo del Ejército fue brutalmente agredido por un grupo de migrantes que ingresaron al país por un paso no habilitado en Colchane, Región de Tarapacá. El hecho, que dejó al funcionario con lesiones leves, reavivó el debate sobre la falta de control en la frontera norte y la pasividad del Gobierno frente a una situación que preocupa cada vez más a la comunidad local y a las propias Fuerzas Armadas.
Puntos Claves:
- Ataque en la frontera norte: El incidente ocurrió cerca de las 04:30 horas, cuando un cabo segundo de la Brigada Motorizada N°24 “Huamachuco” fue agredido en un Puesto de Observación Fronteriza en Colchane. Según el Ejército, el funcionario “fue atacado con piedrazos en brazos y piernas por un grupo de seis migrantes que ingresaban al territorio nacional por un paso no habilitado”.
- Uso de armamento no letal: Ante la agresión, el uniformado aplicó los protocolos de seguridad establecidos “empleando técnicas disuasivas según las Reglas de Uso de la Fuerza” y utilizó una escopeta antidisturbios para repeler el ataque. Tras la acción, los agresores huyeron hacia territorio boliviano.
- Graves falencias en el control fronterizo: Este ataque se suma a una serie de episodios violentos registrados en la frontera norte, donde el ingreso irregular de migrantes ha aumentado de forma sostenida. Pese a los anuncios oficiales, las medidas implementadas por el Gobierno han sido insuficientes para prevenir hechos de esta naturaleza, exponiendo a los funcionarios que cumplen labores de resguardo en condiciones precarias.
- Investigación en curso: La Fiscalía Regional de Tarapacá inició una investigación para esclarecer lo ocurrido. La fiscal Trinidad Steinert señaló que “tenemos que ver cómo abordamos este nuevo fenómeno para proteger a nuestros ciudadanos”, advirtiendo que se trata de una metodología repetida: “arrojar piedras a los funcionarios o a los puestos de observación para luego huir inmediatamente hacia el país vecino”.
- Versión del Gobierno: La ministra de Defensa, Adriana Delpiano, reconoció el ataque y sostuvo que “personal de Ejército evitó el ingreso irregular de seis personas en la zona fronteriza de Colchane. El grupo respondió lanzando piedras, provocando una lesión leve en una mano a un funcionario militar, quien aplicó los protocolos de seguridad y utilizó armamento no letal”. La autoridad destacó la “valentía, entrega y compromiso” del funcionario afectado, asegurando que recibió atención médica y se encuentra fuera de riesgo.
- Respuesta política insuficiente: Pese a los mensajes de apoyo, el Ejecutivo ha sido criticado por no adoptar medidas más firmes ante la escalada de violencia en la frontera. Desde el inicio de 2024, los habitantes de Colchane y las autoridades locales han advertido sobre el aumento de agresiones contra funcionarios y el riesgo de un colapso operativo en la zona. El refuerzo anunciado por el Gobierno mediante el proyecto Sifron —que incluye drones, vehículos y cámaras de vigilancia— aún no logra traducirse en una mejora perceptible de la seguridad.
- Contexto de crisis fronteriza: Desde 2023, las Fuerzas Armadas han estado desplegadas en la zona norte con facultades reforzadas para el control migratorio. Sin embargo, la falta de coordinación entre autoridades civiles y militares, junto con la compleja situación humanitaria en la frontera con Bolivia, ha dificultado una respuesta efectiva.
- Preocupación creciente en el Ejército: Fuentes castrenses han manifestado inquietud por el aumento de ataques contra personal militar en funciones de resguardo fronterizo, especialmente durante turnos nocturnos y en sectores aislados. La falta de infraestructura adecuada y de respaldo político al trabajo en terreno ha generado malestar en filas del Ejército.
El medio de Cooperativa entrevistó a Fiscal a cargo de investigación
El ataque en Colchane no solo revela un episodio de violencia aislada, sino una preocupante tendencia que pone en entredicho la capacidad del Estado chileno para resguardar su soberanía y garantizar la seguridad de sus propios funcionarios.
El cabo afectado se encuentra fuera de peligro, pero el hecho ha dejado en evidencia la fragilidad del control fronterizo y la creciente agresividad de los grupos que buscan ingresar al país de forma irregular. Urge una respuesta más decidida y efectiva por parte del Gobierno para proteger tanto a los habitantes del norte como a los hombres y mujeres que arriesgan su integridad en la defensa del territorio nacional.