La propuesta del Gobierno para otorgar un estatuto especial a Rapa Nui terminó en un fracaso rotundo, luego de que las propias comunidades de la isla la rechazaran por una aplastante mayoría en una consulta indígena. El resultado no solo representa un duro revés político para La Moneda, sino que vuelve a dejar en evidencia la desconexión del oficialismo con las realidades locales y su insistencia en impulsar proyectos identitarios sin consenso, que lejos de unir, terminan generando división y desconfianza.
Puntos Claves:
- Rechazo contundente de la comunidad Rapa Nui: En la consulta realizada el domingo 1 de febrero, entre las 9:00 y las 17:00 horas, 955 personas votaron por la opción “Ina” (No), equivalente al 89,3%, mientras solo 114 personas (10,7%) respaldaron la propuesta del Ejecutivo. La votación fue informada por la comunidad Honui, que agrupa a representantes de familias Rapa Nui.
- Qué proponía el Gobierno: La iniciativa impulsada por La Moneda buscaba separar administrativa y políticamente a Rapa Nui de la Región de Valparaíso y crear un Gobierno del Territorio Especial, con personalidad jurídica, patrimonio propio y presupuesto autónomo. Además, se pretendía transferir competencias clave como la planificación del desarrollo, la administración de las tierras y la gestión del patrimonio cultural, atribuciones que quedarían exclusivamente en manos de integrantes del pueblo Rapa Nui.
- Falta de consentimiento y críticas al proceso: Las comunidades calificaron el resultado como una señal política clara, señalando que no existió consentimiento previo, libre e informado, estándar exigido por el derecho internacional. En su declaración, Honui fue enfática al señalar: “Este resultado constituye una señal política inequívoca. El Pueblo Rapa Hui que participó de este proceso no otorgó su consentimiento a la propuesta de Estatuto Especial”.
- Autonomía no es imposición: El rechazo no implica una renuncia a las demandas históricas ni a la autodeterminación. Por el contrario, las comunidades apuntaron a la falta de garantías, de consensos amplios y a un diseño institucional impuesto desde el continente, lejos de un diálogo real y respetuoso con el territorio.
- Críticas al uso político de la iniciativa: Desde Rapa Nui se cuestionó que el proyecto respondiera más a la necesidad del Gobierno de mostrar gestión que a las verdaderas prioridades del pueblo rapanui. El exalcalde Jorge Edmunds lo resumió con claridad: “No queremos independencia, no somos locos. Queremos seguir siendo chilenos. Somos chilenos, amamos a Chile y, si hay que defender la República, la defenderemos, pero con respeto hacia nosotros como pueblos originarios”.
- Historia ignorada y desconfianza creciente: Las comunidades recordaron que la relación entre Rapa Nui y el Estado de Chile se origina en el Tratado de 1888, advirtiendo que cualquier intento de redefinir la gobernanza del territorio sin considerar ese antecedente histórico solo profundiza la desconfianza existente.
- Silencio del Ejecutivo: Hasta el cierre de esta nota, el Gobierno no se había pronunciado públicamente sobre el resultado de la consulta ni sobre las críticas formuladas por las comunidades, reforzando la percepción de improvisación y desconexión con la realidad insular.
Registo del conteo de la consulta
El rechazo al estatuto especial en Rapa Nui deja en evidencia una forma de gobernar marcada por consignas y gestos simbólicos, más que por acuerdos sólidos y construidos desde el territorio. La insistencia en imponer una autonomía mal entendida terminó generando el efecto contrario al prometido.
Más allá del golpe político para el Gobierno, el resultado envía un mensaje claro y transversal: la autodeterminación no se decreta ni se utiliza como bandera ideológica. Se construye con diálogo, respeto y responsabilidad, valores que hoy las propias comunidades de Rapa Nui exigen con fuerza.