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Cámara aprueba voto obligatorio sin sanciones: Walker acusa traición del oficialismo y Gobierno queda bajo sospecha de cálculo electoral, mientras el Senado podría reponer multas

Ilustracion araya y musante democracia a la carta restaurant democracia a la carta Imagen generada con IA. Click para ampliar T

La Cámara de Diputados despachó al Senado el proyecto de voto obligatorio, pero sin sanciones para quienes no concurran a sufragar. La ausencia de multas, rechazada principalmente por parlamentarios de izquierda, abrió una dura controversia a pocos meses de las elecciones presidenciales y parlamentarias. Desde la oposición y sectores independientes se acusa al Gobierno y al oficialismo de actuar con cálculos políticos, priorizando conveniencias electorales antes que el fortalecimiento de la democracia.

Puntos Claves:

  • Proyecto de voto obligatorio sin sanciones: La Cámara Baja aprobó el proyecto de voto obligatorio con 75 votos a favor, 47 en contra y 14 abstenciones. No alcanzó el quórum requerido para incluir la multa de entre $34.000 y $206.000 a quienes no voten. Así, la iniciativa pasa al Senado sin sanciones, dejando en la práctica un voto voluntario disfrazado de obligatorio.
  • Responsabilidad del oficialismo en el fracaso: Los rechazos provinieron en gran parte del Partido Comunista (PC) y del Frente Amplio (FA), mientras que los socialistas se abstuvieron mayoritariamente. La diputada Joanna Pérez (Demócratas), autora del proyecto, criticó la incoherencia de La Moneda: “Hoy hemos visto que el gobierno no cumple su palabra, hemos visto que lamentablemente se mintió en la sala por parte de muchos parlamentarios oficialistas. Le mintieron también a la ciudadanía”.
  • Acuerdos incumplidos y desconfianza hacia el Gobierno: Parlamentarios opositores denunciaron que existía un compromiso firmado con la ministra Segpres, Macarena Lobos, para respaldar la multa a cambio de una reforma sobre el voto de extranjeros. Sin embargo, gran parte del oficialismo votó en contra. El senador Matías Walker (Demócratas) afirmó que “la izquierda, el oficialismo no ha actuado de acuerdo con convicciones, sino que con un cálculo electoral, y no cumplieron un acuerdo que firmamos por escrito”.
  • Cálculo político de la izquierda: Desde la oposición, la lectura es clara: el Gobierno y sus partidos buscan que vote menos gente, porque un electorado reducido y movilizado tiende a favorecer a la izquierda más dura. Walker lo expresó sin matices: “Gracias al voto obligatorio ganó el rechazo hace tres años atrás, porque votaron todos y votó el electorado moderado. El gobierno, la izquierda, no quiere que vote el electorado moderado”.
  • Críticas transversales a la falta de liderazgo: El presidente de la Cámara, José Miguel Castro (RN), acusó al Ejecutivo de no tener control sobre sus parlamentarios y calificó la jornada como “un triste espectáculo del oficialismo”. A su vez, Pérez recordó que la discusión sobre el voto obligatorio se arrastra desde 2019 y denunció que “el gobierno no quiere este proyecto porque prefiere que vote un 30% por sobre un 70%”.
  • El futuro en manos del Senado: El proyecto será revisado por la comisión de Gobierno del Senado, presidida por la socialista Paulina Vodanovic. Ahí podría reponerse la multa mediante indicaciones. El oficialismo insiste en que en la Cámara Alta se corregirá el error, pero la oposición ya anticipa medidas de presión política si no se cumple con el mandato constitucional de hacer efectivo el voto obligatorio.

El rechazo a las sanciones por no sufragar es un síntoma preocupante: un Gobierno que cambia de postura según la conveniencia y un oficialismo que no logra sostener acuerdos básicos para garantizar la participación democrática. A semanas de elecciones cruciales, el escenario deja instalada la sospecha de que el Ejecutivo prefiere un padrón reducido y controlado antes que un verdadero voto ciudadano masivo y libre.

La desconfianza hacia la izquierda crece cuando se constata que no es la primera vez que La Moneda posterga, bloquea o relativiza este proyecto desde 2019. La pregunta que queda en el aire es simple y directa: ¿quiere realmente este Gobierno que los chilenos voten todos, o solo los que le convienen?