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Boric no se paró para saludar a Milei durante el cambio de mando en Bolivia y luego paseó como turista por La Paz e Iquique mientras Chile enfrenta grave crisis de seguridad

Ilustración Boric en una playa de Iquique con guardias custodiado Imagen generada con IA. Click para ampliar T

Nota humana: No todo es noticia, y en breve noticIA lo tenemos claro. Como medio independiente y de tamaño pequeño, debemos ser muy selectivos con las historias que decidimos cubrir, resumir e ilustrar. En esta ocasión optamos por abordar estos hechos debido al contexto específico que vive el país.

No tenemos problemas en que cualquier persona -incluido un presidente- disfrute de un paseo o de un momento de descanso; Chile es un país hermoso y todos merecemos disfrutarlo a nuestro ritmo. El problema es cuando, desde una posición de alta responsabilidad, se actúa con indiferencia frente a una crisis de seguridad evidente, dejando a la ciudadanía desprotegida ante una delincuencia cada vez más violenta y descarada.

A continuación, el artículo en su formato tradicional:

El presidente Gabriel Boric volvió a estar en el centro de la polémica tras protagonizar un distante saludo con el mandatario argentino Javier Milei durante la ceremonia de asunción del nuevo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz. Mientras la prensa internacional destacaba el incómodo momento, en Chile surgieron duras críticas hacia el jefe de Estado por lo que muchos calificaron como una falta de respeto y madurez diplomática. A esto se suma la creciente molestia ciudadana ante la aparente despreocupación del presidente, quien, tras el acto en La Paz, se mostró paseando relajadamente por Iquique, en medio de la peor crisis de seguridad de las últimas décadas.

Puntos Claves:

  • Frío saludo con Milei que dio la vuelta al continente: Durante la investidura de Rodrigo Paz en La Paz, Bolivia, Gabriel Boric fue el único mandatario que no se levantó para saludar al presidente argentino Javier Milei. Las cámaras captaron el momento exacto en que el chileno, sentado, extendió la mano sin mayor gesto de cordialidad. La prensa trasandina calificó la escena como “curiosa”, “tensa” e “incómoda”.
    • Según el diario Clarín, “el presidente chileno, Gabriel Boric, no se paró para saludarlo. Sentado, extendió la mano y se saludaron de manera fría”.
    • Mientras Milei fue recibido con entusiasmo por otros líderes regionales, incluyendo abrazos y selfies de legisladores bolivianos, Boric optó por el distanciamiento, lo que reflejó nuevamente la falta de química política entre ambos.
  • Críticas cruzadas y falta de diplomacia: El gesto fue interpretado como un nuevo capítulo de tensión entre los gobiernos de Chile y Argentina. Desde 2023, ambos mandatarios han mantenido una relación marcada por el antagonismo ideológico. Milei calificó en su momento a Boric de “empobrecedor” y lo vinculó a “la plaga socialista que azota a Argentina”.
    • En Chile, diputados del Partido Republicano reaccionaron con dureza. Stephan Schubert señaló: “Ya no entendió Gabriel Boric lo que significa ser el Primer Mandatario y los deberes que implica. Otra vergüenza más que tendremos que soportar”.
    • La diputada Sofía Cid fue aún más directa: “Prefiere el show ideológico antes que representar con dignidad a Chile. ¡Una izquierda acomplejada no puede liderar nuestro país!”.
    • Catalina del Real, por su parte, afirmó que la actitud del presidente “refleja la inmadurez con la que este gobierno ha tratado las relaciones exteriores” y agregó que “por su ideología, le da lo mismo dañar el nombre de Chile ante el mundo”.
  • Un presidente más preocupado de la imagen personal que del país: Mientras los titulares internacionales destacaban la frialdad del saludo, el propio Boric parecía ajeno a la polémica. En lugar de proyectar liderazgo o sentido de Estado, optó por un perfil turístico: recorrió las calles de La Paz como un visitante más, vistiendo ropa casual y alojándose en un hostal bohemio.
    • Lejos de la formalidad diplomática, caminó entre puestos de artesanías y compartió comidas populares, en una imagen que muchos interpretaron como un intento de mostrarse “cercano al pueblo”.
    • Sin embargo, el gesto fue duramente cuestionado: para sus críticos, el mandatario se preocupa más de construir una narrativa personalista e ideológica que de fortalecer la presencia institucional de Chile en el exterior.
  • Desconexión total frente a la crisis de seguridad en Chile: Al regresar al país, Boric hizo una escala en Iquique, donde se le vio caminando tranquilamente por la costanera tras cenar en un restaurante, mientras Chile enfrenta una ola de violencia sin precedentes.
    • En redes sociales, usuarios ironizaron sobre el contraste entre la seguridad presidencial y la realidad que vive la ciudadanía: “Boric caminando por la costanera de Iquique, y luego dirá que todos pueden caminar tranquilamente porque Chile no se cae a pedazos. Claro, él va rodeado de guardaespaldas y con las calles cortadas por patrullas. Y mientras tanto la gente se tiene que proteger de las balas en un mall”.
    • La indignación pública se mezcla con una sensación generalizada de abandono: el país vive un alza sostenida de homicidios, crimen organizado y narcotráfico, mientras el gobierno parece más concentrado en gestos simbólicos o ideológicos que en medidas concretas para proteger a los ciudadanos.
  • Un liderazgo debilitado por la ideología: Los recientes episodios refuerzan la percepción de que el presidente Boric actúa más como activista político que como jefe de Estado. Su relación tensa con líderes de la región, su falta de diplomacia y su enfoque en gestos simbólicos han dejado a Chile sin una voz fuerte en el plano internacional.
    • Analistas coinciden en que el distanciamiento con Argentina —uno de los socios más relevantes para el comercio y la estabilidad regional— es un error estratégico.
    • En lo interno, su aparente indiferencia ante la crisis de seguridad solo alimenta el descontento social y la pérdida de confianza en su liderazgo.

Video real obtenido de Redes Sociales/Fuentes externas

Boric paseando en La Paz, Bolivia

Mientras el país demanda seguridad, unidad y dirección clara, el presidente Gabriel Boric continúa enfrascado en gestos ideológicos y disputas simbólicas. Su frialdad con Milei puede parecer una anécdota diplomática, pero es reflejo de un problema más profundo: un liderazgo ensimismado, que prioriza la imagen por sobre la responsabilidad y el sentido de Estado.

En un Chile golpeado por la delincuencia y la inseguridad, muchos ciudadanos sienten que el presidente está desconectado de la realidad. Los gestos fríos en el extranjero y los paseos despreocupados en casa no bastan para ocultar que el país necesita menos ideología y más liderazgo, menos simbolismo y más acción concreta.