

En una votación ajustada, el Concejo Municipal de San Miguel aprobó, con el voto clave de la alcaldesa Carol Bown (UDI), devolver a la avenida Salvador Allende su denominación histórica: Salesianos. La medida, respaldada por una consulta ciudadana que arrojó un contundente 82% a favor del cambio, enfrentó la férrea oposición del Partido Comunista (PC) y el Partido Socialista (PS), que acusaron a la jefa comunal de actuar por motivaciones políticas, mientras la autoridad defendió la decisión como un acto de respeto hacia la voluntad vecinal y de rescate de la identidad barrial.
Hoy, el Concejo Municipal aprobó la restitución del nombre Salesianos a la actual Avenida Salvador Allende, cuya denominación había sido modificada hace menos de dos años.
— Municipalidad de San Miguel (@SanMiguel_CL) August 12, 2025
Se informa a los vecinos que gran parte de la señalética original se encuentra guardada en dependencias…
El Concejo Municipal de San Miguel aprobó el cambio de Av. Salvador Allende por Av. Salesianos, respetando la voluntad de los vecinos expresada en una consulta ciudadana.
— Carol Bown (@CarolCBown) August 12, 2025
Pese a la oposición de la izquierda, que intentó ideologizar y escalar el tema a nivel nacional, y a los… pic.twitter.com/901PkymQVA
La decisión de San Miguel no solo marca un precedente sobre cómo se manejan los símbolos públicos, sino que expone con crudeza el patrón de conducta de una izquierda que, cuando la opinión ciudadana no coincide con su agenda, simplemente la ignora. El respaldo del 82% de los vecinos fue claro, pero para el PC y PS, esa voz es irrelevante si no reproduce su relato político.
En el fondo, el caso refleja una tensión entre democracia real y autoritarismo disfrazado de “memoria histórica”. Mientras Bown y los concejales que apoyaron el cambio actuaron escuchando a la comunidad, la izquierda volvió a demostrar que solo tolera la participación cuando ésta confirma sus decisiones previas. En San Miguel, esta vez, la gente le ganó a la imposición partidista, dejando en evidencia que la soberbia ideológica no puede pasar por encima de la voluntad popular.