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Gerente general de ENAP es despedido por “apitutar” a su pareja: escándalo por falta de probidad en la empresa estatal

Ilustración Patricio Farfán Bórquez siendo despedido de ENAP Imagen generada con IA. Click para ampliar T

El reportaje de Radio Bío Bío reveló un grave caso de nepotismo dentro de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP), donde su entonces gerente general de refinerías, Patricio Farfán Bórquez, fue despedido tras comprobarse que intervino directamente para contratar a su pareja —hoy esposa— en un cargo bajo su dependencia. La situación incluyó despidos injustificados, manipulación de concursos públicos y terminó con su destitución por “falta a la probidad”, encendiendo las alarmas sobre la ética y el control en una empresa que pertenece a todos los chilenos.

Puntos Claves:

  • Nepotismo comprobado: Patricio Farfán Bórquez, quien lideraba ENAP Refinerías S.A., fue desvinculado el 13 de octubre luego de que una investigación interna confirmara que utilizó su cargo para favorecer a su pareja, Alejandra Ternicien Soto, en una contratación bajo su propia dependencia. Ambos fueron despedidos tras verificarse las irregularidades.
  • Despidos para abrirle espacio: Según información publicada por Bío Bío Investiga, dos trabajadores perdieron su empleo para facilitar la incorporación de Ternicien. Uno de ellos tenía más de 15 años de experiencia en la empresa. El otro, Jorge Santander Jara, se negó a ejecutar la contratación por considerarla inapropiada y terminó despedido. “¿Cómo voy a poner a su polola?”, habría dicho cuando rechazó la instrucción.
  • Concursos manipulados: Tras estos despidos, ENAP abrió un concurso público para llenar el cargo vacante, pero lo declaró desierto. Semanas después, el proceso se reabrió con cambios en el perfil del puesto y aumento en la remuneración, resultando elegida la pareja del gerente. Los sindicatos denunciaron que, en el primer concurso, ella había sido evaluada como “no recomendable” para el cargo.
  • Denuncia sindical y presión interna: Los sindicatos de ENAP presentaron una denuncia ante la Contraloría, detallando los despidos y señalando que fueron ordenados directamente por Farfán. El hecho generó tensiones entre el directorio y la alta gerencia, dañando la credibilidad de la estatal, que promueve públicamente principios de transparencia y meritocracia.
  • Investigación externa: Para dar garantías de imparcialidad, ENAP contrató a un abogado externo, exfiscal con experiencia en ética y probidad, quien lideró una investigación disciplinaria rápida. Su informe concluyó que Farfán incurrió en faltas graves a la probidad administrativa, lo que derivó en su destitución inmediata.
  • Sueldo millonario y responsabilidad pública: Farfán, ingeniero civil químico, percibía un sueldo líquido cercano a $17 millones mensuales como máximo responsable de las refinerías de Bío Bío y Concón. Su caso deja al descubierto las debilidades en los mecanismos de control interno dentro de una empresa estatal clave para el país.
  • Respuesta oficial de ENAP: La empresa confirmó la desvinculación a través de un comunicado, señalando que se trató de “un proceso expedito, riguroso y reservado”, y reafirmó su compromiso con los valores de ética y transparencia. “El Directorio y la administración de la empresa tienen un compromiso incuestionable con la ética y la probidad, de manera tal de velar en todo momento para que el actuar de quienes trabajan en ella tengan los mayores estándares de probidad, disciplina, responsabilidad, rigurosidad y respeto”, indicó la estatal.
  • El daño institucional: El caso impactó profundamente la moral de los trabajadores y dañó la imagen de ENAP. Un funcionario describió la situación como el colapso de la cultura interna: “Se cayó todo a pedazos”, en referencia al modelo de “trabajador integral” que la empresa buscaba consolidar.

Lo ocurrido en ENAP no es un error administrativo menor. Es un acto de abuso de poder y corrupción interna en una empresa estatal financiada con dinero público. Cuando un alto ejecutivo utiliza su posición para beneficiar a su pareja y desplazar a trabajadores con años de experiencia, no solo vulnera la ley: traiciona la confianza de los ciudadanos.

Chile necesita empresas públicas donde los cargos se ganen por mérito y transparencia, no por vínculos personales. Este caso debe servir como advertencia: el nepotismo también es corrupción, y la tolerancia cero frente a estas conductas debe ser una exigencia real, no solo un discurso corporativo.