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Kast se reúne con Lula en Panamá y proyecta una política exterior de Estado, mientras el Gobierno culpa a Kast por el estancamiento de la ley de Sala Cuna pese a que es el Ejecutivo quien debe lograr acuerdos con la UDI

Ilustración Kast dándose la mano con Lula política de estado internacional Imagen generada con IA. Click para ampliar T

El presidente electo, José Antonio Kast, volvió a marcar un punto político relevante tras su reunión bilateral con el mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en Panamá, instancia que evidenció un enfoque de Estado, pragmático y orientado a resultados, en contraste con las críticas formuladas desde el Gobierno, particularmente por la ministra vocera Camila Vallejo, a propósito del proyecto de ley de Sala Cuna.

Puntos Claves:

  • Una señal clara de política exterior responsable: Kast destacó que su encuentro con Lula “trasciende cualquier diferencia política o ideológica”, subrayando que cuando se representa a un país, el foco debe estar en el bienestar de los ciudadanos y no en disputas partidistas. Esta postura fue valorada transversalmente y refuerza la idea de una política exterior de Estado, no ideologizada.
  • Relación bilateral enfocada en temas concretos: Durante la reunión, Kast y Lula abordaron materias estratégicas como seguridad, combate al crimen organizado, energías renovables y los llamados corredores de integración regional. Uno de los principales es el corredor Capricornio, un proyecto de infraestructura que busca conectar a Brasil con Chile —pasando por Paraguay, Bolivia y Argentina— mediante carreteras, puertos y logística, con el objetivo de facilitar el comercio, reducir costos de transporte y potenciar el crecimiento económico de los países involucrados. Kast recalcó que “esta es una relación de Estados”, destacando una cooperación práctica y de largo plazo, más allá de diferencias políticas o ideológicas.
  • Seguridad y crimen organizado como prioridad común: El presidente electo fue enfático en que el crimen organizado es una amenaza regional y que no basta con acciones aisladas. “Hoy hay una amenaza a todas nuestras naciones por el crimen organizado y eso es algo que tiene que trabajarse en conjunto”, sostuvo, marcando distancia de la falta de resultados concretos del actual Gobierno en esta materia.
  • Críticas del Gobierno mal enfocadas: En paralelo, la ministra Camila Vallejo cuestionó a Kast por el estancamiento del proyecto de Sala Cuna, apuntando a una supuesta falta de liderazgo sobre la oposición y, en particular, sobre la UDI. Sin embargo, resulta clave aclarar que Kast no pertenece a la UDI, es presidente electo por el Partido Republicano y no existe una coalición formal que le permita “ordenar” a otros partidos.
  • Responsabilidad del Ejecutivo en el Congreso: En un sistema presidencial como el chileno, es el Gobierno en ejercicio el que tiene la responsabilidad política de articular mayorías, convencer a los parlamentarios y sacar adelante sus proyectos. Trasladar esa carga al presidente electo no solo es incorrecto, sino que refleja una estrategia infantil y evasiva frente a la falta de gestión propia.
  • La UDI no es Kast: Las críticas de Vallejo apuntan directamente a la UDI, pero intentan vincular artificialmente esa decisión con Kast. Confundir —o pretender confundir— a la opinión pública sobre este punto debilita el debate y demuestra más interés en buscar culpables que en asumir responsabilidades.
  • Unidad con contenido, no discursos: Mientras el Gobierno acusa y polemiza, Kast avanza en la construcción de relaciones internacionales, dialoga incluso con líderes de izquierda y promueve una agenda de unidad basada en seguridad, crecimiento y calidad de vida. Su gira internacional y reuniones bilaterales reflejan preparación y visión de futuro.

El contraste es evidente. Por un lado, un presidente electo que entiende que gobernar implica dialogar, incluso con quienes piensan distinto, y actuar con sentido de Estado. Por otro, un Gobierno que, ante sus dificultades legislativas, opta por desviar responsabilidades y personalizar críticas que no se sostienen políticamente.

Más allá de las diferencias ideológicas, los hechos muestran que José Antonio Kast ha optado por un camino institucional, serio y enfocado en resultados concretos para Chile y la región. En ese contexto, responsabilizarlo por las falencias de un Ejecutivo que aún gobierna no solo es injusto, sino que debilita la confianza ciudadana en el debate democrático y en la política como herramienta para mejorar la vida de las personas.